Puesto el polo, me hizo la famosa media cola y salimos. La casa de este “vecino” quedaba muy cerca, al llegar nos presentó unos amigos, recuerdo amenamente a dos tipos: Martín y Boris, uno era muy alto y el otro muy gordito. A los pocos minutos, tuve que sentarme en uno de los sillones, pues estaba algo mareada por el olor a cigarro, observando el panorama vi lo que tanto detestaba: la embriaguez; mi peculiar forma de ser nunca me hubiera permitido llevarme bien con el alcohol pues este tipo de sustancia no genera nada bueno, muy bien me lo enseñó mi padre, mediante desagradables episodios a lo largo de los años que me hicieron comprender que el alcohol me odiaba; pues le gustaba herirme.
jueves, febrero 17, 2011
el ritual*..de "producirse"
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