Un día, María, una buena amiga, me invitó a pasar el fin de semana en su casa, ella era una persona que había conocido mucho más el último año de colegio, me caía muy bien, teníamos varias cosas en común y no percibí ninguna mala intención en su invitación; entonces consulté a mi mamá y ella se comunicó con la madre de María, aclararon puntos y fui a su casa.Al llegar, me di con la sorpresa que una compañera de colegio, Irene, estaba en la puerta de la casa, la saludé y rápidamente me dijo: ¿Tú también te vas a quedar?, en mi asombro respondí: Eso creo. Tocamos el timbre, María salió nos recibió muy bien, pasamos a la casa. En la sala se encontraba su amable madre, ésta se dirigió a la cocina a prepararnos algún aperitivo (como siempre ella tan atenta), subimos a su cuarto a dejar nuestras cosas, ahí estuvimos conversando un buen rato, luego escuchamos el llamado de la Sra. y bajamos; es ahí cuando María me comentó que quiso invitar también a Irene, porque supo que se encontraba muy triste y sola en su casa; le dije que me parecía muy amable de su parte y que no tenía ningún problema pues ella me caía bien.
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